martes, 1 de abril de 2014

LOS DIEZ PECADOS CAPITALES DE LOS VIAJES LARGOS EN COCHE.

Dicen los sabios que no existen las comidas auténticamente gratis, ya que siempre hay que dar algo a cambio. Puede ser. Lo cierto es que en el mundo del alojamiento hay pocas cosas tan irresistibles como un desayuno gratuito o por lo menos incluido en el precio. En según qué países lo hay que pagar aparte en un 99% de ocasiones, tal es el caso de los USA o Francia. Únicamente el Reino Unido e Italia destacan por ofrecer gratuitamente la primera comida del día.

Lo de tener que pagar por desayunar no debería ser un problema grave pero en demasiados casos los hoteleros se aprovechan más de la cuenta y proponen tarifas disuasorias, más elevadas de la cuenta, con el buffet como única opción y la cafetería cerrada en el horario coincidente, de modo que si únicamente quieres un café, un zumo y un croissant, tienes que pagar diez o más euros sí o sí. Eso ya es pasarse varios pueblos y la mayoría de los mortales acaba sin desayunar o en un cafetería cercana. que se forra gracias a que en el hotel únicamente desayunan aquellos a los que la estancia se la paga la empresa. No se puede cobrar por un desayuno más que por una comida.

Recientemente pernocté en el hotel Globales de los Reyes, al norte de Madrid. Podía escoger otros hoteles de la zona pero allí me encontré con tres ventajas imbatibles. Primeramente me descontaban un 15% por hacer la reserva en el sitio web del hotel, lo que me hacía innecesario acudir a centrales de reservas. Además me regalaban la noche de garaje, que tenía un coste normal de seis euros. Finalmente. el desayuno estaba incluido en la tarifa, así que no tendría que salir a la calle para empezar bien el día. Todo ello salía por 40 euros la noche la habitación doble y es muy complicado de superar; ellos ganaron dinero y yo también. Había una oferta interesante en un AC próximo y ya iba a reservar pero pillé un cabreo indecente porque el precio ofertado se incrementaba con el IVA en el último paso de la reserva.

En España no es que se desayune muy bien que digamos. Normalmente ofrecemos productos clónicos de todos los hoteles internacionales, con los fiambres y el queso en lonchas, que muy poca gente come en casa, bollería no demasiado lograda y cafés generalmente infumables que pueden arruinar la mañana e incluso favorecer las dietas de adelgazamiento por su poder laxante. De los zumos mejor ya ni hablamos. Sí hay hoteles que brillan por su desayuno pero son los menos y hay que pagar en consonancia. Desgraciadamente los productos regionales brillan por su ausencia y se desayuna casi lo mismo en Amsterdam que en Almería.

El caso es que los clientes somos capaces de aceptar una reducción de confort a cambio de un desayuno gratis. Incluso estamos dispuestos a pagar lo mismo por un hotel de tres estrellas que por uno de cuatro si nos regalan el desayuno. Últimamente se han moderado un poco las tarifas por la consabida crisis, pero no es nada raro encontrar desayunos a quince euros cuando por ese precio puedes tomar café Jamaica Blue Mountain, zumo natural recién exprimido y croissants de confitería o trenza de Huesca, incluso pinchos de jamón ibérico.

Los hoteleros siguen sin enterarse y pretenden cobrar el desayuno a precios gamberros que enemistan al cliente con el establecimiento. Tampoco hace falta que lo regalen y casi nos conformaríamos con que lo cobraran al atractivo precio de cinco euros. Los pocos pioneros que se enrollan un poco y se evitan el gasto del camarero que toma nota de tu número de habitación se verán recompensados a largo plazo con la fidelidad del cliente, que es algo mucho más serio que la acumulación de puntitos en una tarjeta.

Lo malo de que los desayunos se vayan haciendo gratuitos es que luego habrá clientes que pretendan una reducción por no tomarlo y también hoteles con tarifas más bajas a cambio de no dar desayuno, con lo que volveríamos a la posición de inicio de la partida. La sociedad del bajo coste quiere que se cobre únicamente por lo consumido pero los hoteles pueden jugar con el desayuno para incrementar su ocupación y su rentabilidad.

Como doy mucha importancia a la calidad del café, suelo viajar con una cafetera Stracto y suelo desayunar en la habitación, con la ventaja de que lo puedo hacer en calzoncillos y fumando, cosas que no están muy bien vistas en el comedor.

EN TREN POR ESLOVAQUIA

Dicen los sabios que no existen las comidas auténticamente gratis, ya que siempre hay que dar algo a cambio. Puede ser. Lo cierto es que en el mundo del alojamiento hay pocas cosas tan irresistibles como un desayuno gratuito o por lo menos incluido en el precio. En según qué países lo hay que pagar aparte en un 99% de ocasiones, tal es el caso de los USA o Francia. Únicamente el Reino Unido e Italia destacan por ofrecer gratuitamente la primera comida del día.

Lo de tener que pagar por desayunar no debería ser un problema grave pero en demasiados casos los hoteleros se aprovechan más de la cuenta y proponen tarifas disuasorias, más elevadas de la cuenta, con el buffet como única opción y la cafetería cerrada en el horario coincidente, de modo que si únicamente quieres un café, un zumo y un croissant, tienes que pagar diez o más euros sí o sí. Eso ya es pasarse varios pueblos y la mayoría de los mortales acaba sin desayunar o en un cafetería cercana. que se forra gracias a que en el hotel únicamente desayunan aquellos a los que la estancia se la paga la empresa. No se puede cobrar por un desayuno más que por una comida.

Recientemente pernocté en el hotel Globales de los Reyes, al norte de Madrid. Podía escoger otros hoteles de la zona pero allí me encontré con tres ventajas imbatibles. Primeramente me descontaban un 15% por hacer la reserva en el sitio web del hotel, lo que me hacía innecesario acudir a centrales de reservas. Además me regalaban la noche de garaje, que tenía un coste normal de seis euros. Finalmente. el desayuno estaba incluido en la tarifa, así que no tendría que salir a la calle para empezar bien el día. Todo ello salía por 40 euros la noche la habitación doble y es muy complicado de superar; ellos ganaron dinero y yo también. Había una oferta interesante en un AC próximo y ya iba a reservar pero pillé un cabreo indecente porque el precio ofertado se incrementaba con el IVA en el último paso de la reserva.

En España no es que se desayune muy bien que digamos. Normalmente ofrecemos productos clónicos de todos los hoteles internacionales, con los fiambres y el queso en lonchas, que muy poca gente come en casa, bollería no demasiado lograda y cafés generalmente infumables que pueden arruinar la mañana e incluso favorecer las dietas de adelgazamiento por su poder laxante. De los zumos mejor ya ni hablamos. Sí hay hoteles que brillan por su desayuno pero son los menos y hay que pagar en consonancia. Desgraciadamente los productos regionales brillan por su ausencia y se desayuna casi lo mismo en Amsterdam que en Almería.

El caso es que los clientes somos capaces de aceptar una reducción de confort a cambio de un desayuno gratis. Incluso estamos dispuestos a pagar lo mismo por un hotel de tres estrellas que por uno de cuatro si nos regalan el desayuno. Últimamente se han moderado un poco las tarifas por la consabida crisis, pero no es nada raro encontrar desayunos a quince euros cuando por ese precio puedes tomar café Jamaica Blue Mountain, zumo natural recién exprimido y croissants de confitería o trenza de Huesca, incluso pinchos de jamón ibérico.

Los hoteleros siguen sin enterarse y pretenden cobrar el desayuno a precios gamberros que enemistan al cliente con el establecimiento. Tampoco hace falta que lo regalen y casi nos conformaríamos con que lo cobraran al atractivo precio de cinco euros. Los pocos pioneros que se enrollan un poco y se evitan el gasto del camarero que toma nota de tu número de habitación se verán recompensados a largo plazo con la fidelidad del cliente, que es algo mucho más serio que la acumulación de puntitos en una tarjeta.

Lo malo de que los desayunos se vayan haciendo gratuitos es que luego habrá clientes que pretendan una reducción por no tomarlo y también hoteles con tarifas más bajas a cambio de no dar desayuno, con lo que volveríamos a la posición de inicio de la partida. La sociedad del bajo coste quiere que se cobre únicamente por lo consumido pero los hoteles pueden jugar con el desayuno para incrementar su ocupación y su rentabilidad.

Como doy mucha importancia a la calidad del café, suelo viajar con una cafetera Stracto y suelo desayunar en la habitación, con la ventaja de que lo puedo hacer en calzoncillos y fumando, cosas que no están muy bien vistas en el comedor.

EN FERRY DESDE ASTURIAS A BRETAÑA



En el mapa vemos las líneas marítimas explotadas por la compañía LDLINES, que se parece a LIDL pero no es lo mismo. La naviera une actualmente los puertos de Gijón y Saint Nazaire en unas 14 horas de viaje con un buque de pasajeros y mercancías. Las tarifas siguen con oferta permanente y el viaje para dos personas y un coche sale por 99 euros en cada sentido, incluyendo butaca reclinable. Por 25 euros más nos ofrecen también un camarote con baño.

El barco utilizado es el Norman Bridge. En cuestiones de confort está muy lejos de la calidad ofrecida por Britanny Ferries pero también los precios son ostensiblemente más bajos.

Para ir desde Gijón a Saint Nazaire no es que se ahorre tiempo ni dinero respecto de ir en coche, aunque los horarios pueden ser convenientes al viajar de noche.


Como aventurilla tiene cierta gracia; no obstante es conveniente saber de antemano que la estabilidad de un barco puede no ser muy agradable para todo el mundo y cuando hay mala mar el viaje tiene tendencia a convertirse en un callo malayo inaguantable. Por lo visto en el restaurante los precios son tolerables e incluso tienen una tienda a bordo.
Casi se me olvida mencionar que Saint Nazaire está a mano de Nantes y es la puerta de entrada a la Bretaña y al Pays de la Loire, región a la que pertenece este puerto actualmente aunque históricamente siempre haya sido un lugar bretón. Para largos viajes por Europa del Norte puede ser un pequeño atajo que compense por el tiempo que se dedica al descanso.

martes, 25 de marzo de 2014

EL LAGARTO ROJO.TREN TURÍSTICO EN TÚNEZ.

En Túnez tienen un tren turístico interesante que hace un viaje de sólo 43 km en cada sentido durante una hora y media. El convoy es de los emblemáticos porque los coches son de lujo y a estilo del Orient Express. La locomotora ya no tiene tanto glamour y es diesel, cosa muy conveniente en latitudes tan cálidas. Se trata de un tren de la realeza.

El Lézard Rouge, el lagarto rojo en español, realiza un recorrido con cañones, gargantas y desfiladeros, todo de colores vivos y con poca vegetación. La excursión cuesta sólo 10 euros pero no siempre hay sitio para sentarse ni aire acondicionado, aunque el tren cuenta con un bar.

Lo malo es que para hacer esa ruta hay que ir hasta Metlaoui, que no queda precisamente a mano, aunque tampoco hay malas comunicaciones y se puede ir desde la capital en tren. Las salidas son en torno a las 10 de la mañana.




Me quedé sin hacer el viaje cuando estuve en Túnez, más que nada porque los calores eran muy agresivos para un habitante del Cantábrico. Mejor en otoño o primavera.

EL TREN AMARILLO DE LOS PIRINEOS

En realidad debería hablar del Petit train jaune de la Cerdagne, o del tren groc, pero que quede claro que se trata de un tren pirenaico de narices, toda una joya del ferrocarril con características tan originales como la tracción eléctrica con toma de contacto por carril lateral, muy típico de los trenes ingleses y de algunas líneas de metro españolas.

La línea es muy atractiva y son 63 km de paisajes espectaculares, incluyendo la estación de tren más alta de Francia sin cremallera y también un puente colgante, toda una rareza. Las rampas alcanzan un 6%, que para un ferrocarril ya son una barbaridad. Estas cosas funcionan mejor con via estrecha de un metro y se sube hasta los 1600 metros de altitud, con sus 19 túneles, 14 viaductos y 4 puentes en curva.

Como excursión, la cosa promete. Con una velocidad máxima inferior a los 60 km/h y una duración del viaje de entre dos horas y media y tres horas, el recorrido da para muchas fotos. Lo malo es que los horarios no son nada buenos y si queremos hacer la ida y la vuelta en el día por unos 20 euros hay que madrugar bastante. Lo ideal sería pernoctar previamente en la localidad catalana de Puigcerdá, justo al lado de La Tour de Carol, de donde sale el tren para dirigirse a Villefranche. Aquí podemos ver unos horarios aproximados.

Lo mismo nos puede tocar viajar en un tren original de principios del siglo pasado que en una de las unidades panorámicas nuevas. Lo cierto es que todavía no he hecho este viaje aunque no lo descarto. Desde Barcelona podemos llegar a Puigcerdá con Renfe aunque el servicio no es para tirar cohetes.

Para ir abriendo boca, nada mejor que un video que nos anime a hacer el viaje. El recorrido se efectúa íntegramente en territorio francés y es gestionado por la SNCF.

TRANSPORTE PÚBLICO GRATUITO


Los de la foto van muy contentos porque no han tenido que pagar por lo que en otros sitios les costaría una pasta. Unas horas antes estaban en el tren de la foto de arriba y tampoco tuvieron que pasar por taquilla.

Puede sonar a broma pero es cierto. El transporte público gratuito existe y va a ser la gran tendencia del tercer milenio, por lo menos en lo relacionado con el turismo. La cosa consiste en viajar a un sitio, alojarse allí y disfrutar de movilidad sin coger el coche y sin sacar un euro del bolsillo, todo ello a cambio de contaminar menos y molestar menos. ¿Dónde? Pues en los Alpes, concretamente en varios lugares que mencionaré después. Por lo menos hay dos poblaciones en Suiza y otra en Francia (y creo que alguna más) que otorgan a sus visitantes un pase válido para desplazarse por el morro en bus y/o tren en un radio que puede ser de 20 o 30 kilómetros, lo suficiente para moverse por la zona. En Francia es Chamonix la ciudad que más destaca y eso se agradece. En Suiza están los casos de Arosa e Interlaken. Arosa llega a facilitar la gratuidad en funiculares de alta montaña y en el parking cubierto municipal.

Así da gusto viajar. Vas a una ciudad y te hacen fácil la vida. En el caso de Ginebra te regalan un pase de transporte público para 80 minutos según recoges los equipajes en el aeropuerto, lo suficiente para llegar al hotel. Una vez en la ciudad son los hoteles los que te proporcionan sin cargo la tarjeta para el transporte urbano, al igual que hacen algunos establecimientos en Viena y todos los de Basilea.
A eso se le llama en francés algo así como "movilidad suave" o "movilidad dulce", según nos apetezca traducirlo, lo que viene a ser muy "sostenible". Las tendencias van a ir por ahí enseguida serán imparables, como lo del wifi gratis en hoteles. Por supuesto que saber lo que ahora sé me convencerá para elegir un destino en detrimento de otros.