jueves, 24 de abril de 2014

ESQUIVANDO LOS ATASCOS DE LA AUTOVÍA DEL CANTÁBRICO EN ASTURIAS.

Espero que la información que aporto sea útil a los automovilistas que quieran evitar pérdidas de tiempo inútiles en sus desplazamientos.

Las obras del tramo Pendueles-Unquera están complicando notablemente los desplazamientos entre Asturias y Cantabria. Se trata de los últimos kilómetros pendientes de ejecutar en la autovía A-8 dentro de Asturias. 

Teniendo en cuenta que las paradas pueden ser muy prolongadas y que los atascos son bastante frecuentes los días de máxima afluencia, hago las siguientes recomendaciones.

Los viajeros procedentes del interior de Asturias, especialmente Cangas de Onís y Arriondas deberían dirigirse a Cantabria por la ruta del interior, es decir, por Cabrales y Panes, es decir, por la AS-114. Lleva unos pocos minutos más, se encuentra en muy buen estado y evita muchas complicaciones al final de un puente festivo. Una vez alcanzada la población de Unquera pueden incorporarse a la autovía A-8. Muchos automovilistas no se dirigen únicamente a Cantabria y Euskadi sino también a Madrid por la ruta de Burgos. 

Los que no tengan mucha prisa pueden ir por la nacional 625 desde Cangas de Onís hacia Riaño para luego tomar destino Madrid por Palencia o Burgos. Mejor solo con buen tiempo. La ruta por la N-634 hacia la A-66 pasando por la A-64 y la AS-I es la opción más rápida.

Los que procedan de Cantabria pueden incorporarse a esa misma ruta saliendo de la autovía en Unquera, aunque si el atasco es monumental, pueden tomar la salida hacia Los Tánagos y Pesués, un par de kilómetros antes. En caso de no optar por esa solución, es posible que pierdan algunos minutos extra. 

En días de semana con poco tráfico también existen las paradas prolongadas y el tráfico lento, de forma que los que vayan para Cantabria pueden tomar la salida destino Colombres y desde ahí continuar hacia Bustio, último pueblo asturiano, justo al lado de Unquera. Se va despacio pero sin problemas. En sentido inverso la cosa se complica porque al salir de Colombres hay un complicado giro hacia la izquierda.

 

martes, 22 de abril de 2014

LA NACIONAL 232 ES UNA PORQUERÍA EXCEPTO EN NAVARRA.

Pues eso, que hay que echar un par de narices para hacer la ruta completa desde Burgos hacia Castellón por la mencionada carretera. Son 620 kilómetros muy cansados que te ahorran 30 euros en peajes y te dan más de un dolor de cabeza. Yo la hice enterita. Primero subí el puerto del Escudo y enseguida comencé la nacional en cuestión para encontrarme con que el tramo Incinillas-Oña es uno de los peores calvarios de la red viaria nacional; el trazado es pésimo y el mantenimiento es inexistente, lo cual hace casi obligatorio desviarse por Villarcayo, Medina de Pomar y Trespaderne para llegar a Oña sin dolor de cabeza. Se trata de 30 km de carretera nacional que parecen anclados en el pasado y que los habitantes de la zona evitan sistemáticamente. El tramo mencionado es bonito en paisaje pero mete miedo por otra parte. A partir de Oña tenemos una ruta aceptable y poco transitada hasta Pancorbo, donde se inicia un tramo en común con la nacional I, desde la cual se retoma la 232 en dirección Logroño. La ruta es corta, no muy rápida pero gratuita. Logroño no se circunvala sino que se cruza en trinchera por la autovía LO-20. A partir de aquí la cosa se complica porque aumenta el tráfico y el trazado es el de toda la puñetera vida con numerosas limitaciones hasta que en territorio navarro nos sorprenden con que la 232 se convierte en una autovía gratuita no muy larga y que nos introduce en la parte zaragozana. Bajamos de una velocidad máxima de 12o a los 80 km/h hasta Figueruelas, donde la autovía nos permite agilizar el viaje. Precisamente en Tudela tenemos un McDonalds y un Carrefour accesibles directamente desde la autovía.

Rodeamos Zaragoza decentemente y a partir de ahí no encontraremos más tramos desdoblados.  Los 100 km que quedan hasta Alcañiz se hacen por una nacional bien asfaltada y con algunos carriles para vehículos lentos pero con muy poco arcén, abundante tráfico, adelantamientos frecuentes y muy poco margen para corregir posibles errores. La lamentable travesía de Híjar ofrece una imagen lamentable de nuestra red de carreteras; probablemente no hay nada tan horrible en todo el territorio español.

Por cierto que en Alcañiz se puede repostar combustible en el Hiper Simply a un precio sin competencia, a pesar de que en Teruel los precios son bastante bajos en las gasolineras. Y poco después de Alcañiz se acaba lo que se daba y volvemos a una nacional sin arcenes, con numerosas limitaciones, tramos que se observan preparados para ejecutar y cubiertos de maleza; el trazado se vuelve retorcido y no volveremos a notar mejoría hasta las proximidades de Morella. El descenso hacia el Mediterráneo se hace por el enrevesado puerto de Querol, un auténtico rollazo de mucho cuidado con abundancia de camiones.

Ya es cutre que la nacional 232 llega a Vinaroz y ni siquiera tiene enlace directo con la AP-7, como si no se tratara de una ruta principal. Únicamente enlaza con la nacional 340, que impresiona bastante por su denso tráfico.

Si bien desde Haro hasta Zaragoza podemos ganar tiempo usando la autopista de peaje, desde Zaragoza a Vinaroz no hay otra solución mejor que la actual. 

Probablemente se ejecute del desdoblamiento en el tramo que une Zaragoza con Navarra, aunque a lo mejor sale más barato liberar la autopista de peaje que duplicar infraestructuras.

Lo más urgente ahora mismo es optimizar la conexión de Zaragoza con Alcañiz con la construcción de algunas variantes y la incorporación de terceros carriles. Aún así habría que concluir los tramos en remodelación inconclusa hacia Morella y ejecutar una obra de envergadura para salvar el puerto de Querol sin curvas a 20 km/h.

Ya sé que no están los tiempos para tirar el dinero pero es cuestión de vertebración territorial y de seguridad vial mejorada.

martes, 1 de abril de 2014

LOS DIEZ PECADOS CAPITALES DE LOS VIAJES LARGOS EN COCHE.

Dicen los sabios que no existen las comidas auténticamente gratis, ya que siempre hay que dar algo a cambio. Puede ser. Lo cierto es que en el mundo del alojamiento hay pocas cosas tan irresistibles como un desayuno gratuito o por lo menos incluido en el precio. En según qué países lo hay que pagar aparte en un 99% de ocasiones, tal es el caso de los USA o Francia. Únicamente el Reino Unido e Italia destacan por ofrecer gratuitamente la primera comida del día.

Lo de tener que pagar por desayunar no debería ser un problema grave pero en demasiados casos los hoteleros se aprovechan más de la cuenta y proponen tarifas disuasorias, más elevadas de la cuenta, con el buffet como única opción y la cafetería cerrada en el horario coincidente, de modo que si únicamente quieres un café, un zumo y un croissant, tienes que pagar diez o más euros sí o sí. Eso ya es pasarse varios pueblos y la mayoría de los mortales acaba sin desayunar o en un cafetería cercana. que se forra gracias a que en el hotel únicamente desayunan aquellos a los que la estancia se la paga la empresa. No se puede cobrar por un desayuno más que por una comida.

Recientemente pernocté en el hotel Globales de los Reyes, al norte de Madrid. Podía escoger otros hoteles de la zona pero allí me encontré con tres ventajas imbatibles. Primeramente me descontaban un 15% por hacer la reserva en el sitio web del hotel, lo que me hacía innecesario acudir a centrales de reservas. Además me regalaban la noche de garaje, que tenía un coste normal de seis euros. Finalmente. el desayuno estaba incluido en la tarifa, así que no tendría que salir a la calle para empezar bien el día. Todo ello salía por 40 euros la noche la habitación doble y es muy complicado de superar; ellos ganaron dinero y yo también. Había una oferta interesante en un AC próximo y ya iba a reservar pero pillé un cabreo indecente porque el precio ofertado se incrementaba con el IVA en el último paso de la reserva.

En España no es que se desayune muy bien que digamos. Normalmente ofrecemos productos clónicos de todos los hoteles internacionales, con los fiambres y el queso en lonchas, que muy poca gente come en casa, bollería no demasiado lograda y cafés generalmente infumables que pueden arruinar la mañana e incluso favorecer las dietas de adelgazamiento por su poder laxante. De los zumos mejor ya ni hablamos. Sí hay hoteles que brillan por su desayuno pero son los menos y hay que pagar en consonancia. Desgraciadamente los productos regionales brillan por su ausencia y se desayuna casi lo mismo en Amsterdam que en Almería.

El caso es que los clientes somos capaces de aceptar una reducción de confort a cambio de un desayuno gratis. Incluso estamos dispuestos a pagar lo mismo por un hotel de tres estrellas que por uno de cuatro si nos regalan el desayuno. Últimamente se han moderado un poco las tarifas por la consabida crisis, pero no es nada raro encontrar desayunos a quince euros cuando por ese precio puedes tomar café Jamaica Blue Mountain, zumo natural recién exprimido y croissants de confitería o trenza de Huesca, incluso pinchos de jamón ibérico.

Los hoteleros siguen sin enterarse y pretenden cobrar el desayuno a precios gamberros que enemistan al cliente con el establecimiento. Tampoco hace falta que lo regalen y casi nos conformaríamos con que lo cobraran al atractivo precio de cinco euros. Los pocos pioneros que se enrollan un poco y se evitan el gasto del camarero que toma nota de tu número de habitación se verán recompensados a largo plazo con la fidelidad del cliente, que es algo mucho más serio que la acumulación de puntitos en una tarjeta.

Lo malo de que los desayunos se vayan haciendo gratuitos es que luego habrá clientes que pretendan una reducción por no tomarlo y también hoteles con tarifas más bajas a cambio de no dar desayuno, con lo que volveríamos a la posición de inicio de la partida. La sociedad del bajo coste quiere que se cobre únicamente por lo consumido pero los hoteles pueden jugar con el desayuno para incrementar su ocupación y su rentabilidad.

Como doy mucha importancia a la calidad del café, suelo viajar con una cafetera Stracto y suelo desayunar en la habitación, con la ventaja de que lo puedo hacer en calzoncillos y fumando, cosas que no están muy bien vistas en el comedor.

EN TREN POR ESLOVAQUIA

Dicen los sabios que no existen las comidas auténticamente gratis, ya que siempre hay que dar algo a cambio. Puede ser. Lo cierto es que en el mundo del alojamiento hay pocas cosas tan irresistibles como un desayuno gratuito o por lo menos incluido en el precio. En según qué países lo hay que pagar aparte en un 99% de ocasiones, tal es el caso de los USA o Francia. Únicamente el Reino Unido e Italia destacan por ofrecer gratuitamente la primera comida del día.

Lo de tener que pagar por desayunar no debería ser un problema grave pero en demasiados casos los hoteleros se aprovechan más de la cuenta y proponen tarifas disuasorias, más elevadas de la cuenta, con el buffet como única opción y la cafetería cerrada en el horario coincidente, de modo que si únicamente quieres un café, un zumo y un croissant, tienes que pagar diez o más euros sí o sí. Eso ya es pasarse varios pueblos y la mayoría de los mortales acaba sin desayunar o en un cafetería cercana. que se forra gracias a que en el hotel únicamente desayunan aquellos a los que la estancia se la paga la empresa. No se puede cobrar por un desayuno más que por una comida.

Recientemente pernocté en el hotel Globales de los Reyes, al norte de Madrid. Podía escoger otros hoteles de la zona pero allí me encontré con tres ventajas imbatibles. Primeramente me descontaban un 15% por hacer la reserva en el sitio web del hotel, lo que me hacía innecesario acudir a centrales de reservas. Además me regalaban la noche de garaje, que tenía un coste normal de seis euros. Finalmente. el desayuno estaba incluido en la tarifa, así que no tendría que salir a la calle para empezar bien el día. Todo ello salía por 40 euros la noche la habitación doble y es muy complicado de superar; ellos ganaron dinero y yo también. Había una oferta interesante en un AC próximo y ya iba a reservar pero pillé un cabreo indecente porque el precio ofertado se incrementaba con el IVA en el último paso de la reserva.

En España no es que se desayune muy bien que digamos. Normalmente ofrecemos productos clónicos de todos los hoteles internacionales, con los fiambres y el queso en lonchas, que muy poca gente come en casa, bollería no demasiado lograda y cafés generalmente infumables que pueden arruinar la mañana e incluso favorecer las dietas de adelgazamiento por su poder laxante. De los zumos mejor ya ni hablamos. Sí hay hoteles que brillan por su desayuno pero son los menos y hay que pagar en consonancia. Desgraciadamente los productos regionales brillan por su ausencia y se desayuna casi lo mismo en Amsterdam que en Almería.

El caso es que los clientes somos capaces de aceptar una reducción de confort a cambio de un desayuno gratis. Incluso estamos dispuestos a pagar lo mismo por un hotel de tres estrellas que por uno de cuatro si nos regalan el desayuno. Últimamente se han moderado un poco las tarifas por la consabida crisis, pero no es nada raro encontrar desayunos a quince euros cuando por ese precio puedes tomar café Jamaica Blue Mountain, zumo natural recién exprimido y croissants de confitería o trenza de Huesca, incluso pinchos de jamón ibérico.

Los hoteleros siguen sin enterarse y pretenden cobrar el desayuno a precios gamberros que enemistan al cliente con el establecimiento. Tampoco hace falta que lo regalen y casi nos conformaríamos con que lo cobraran al atractivo precio de cinco euros. Los pocos pioneros que se enrollan un poco y se evitan el gasto del camarero que toma nota de tu número de habitación se verán recompensados a largo plazo con la fidelidad del cliente, que es algo mucho más serio que la acumulación de puntitos en una tarjeta.

Lo malo de que los desayunos se vayan haciendo gratuitos es que luego habrá clientes que pretendan una reducción por no tomarlo y también hoteles con tarifas más bajas a cambio de no dar desayuno, con lo que volveríamos a la posición de inicio de la partida. La sociedad del bajo coste quiere que se cobre únicamente por lo consumido pero los hoteles pueden jugar con el desayuno para incrementar su ocupación y su rentabilidad.

Como doy mucha importancia a la calidad del café, suelo viajar con una cafetera Stracto y suelo desayunar en la habitación, con la ventaja de que lo puedo hacer en calzoncillos y fumando, cosas que no están muy bien vistas en el comedor.

EN FERRY DESDE ASTURIAS A BRETAÑA



En el mapa vemos las líneas marítimas explotadas por la compañía LDLINES, que se parece a LIDL pero no es lo mismo. La naviera une actualmente los puertos de Gijón y Saint Nazaire en unas 14 horas de viaje con un buque de pasajeros y mercancías. Las tarifas siguen con oferta permanente y el viaje para dos personas y un coche sale por 99 euros en cada sentido, incluyendo butaca reclinable. Por 25 euros más nos ofrecen también un camarote con baño.

El barco utilizado es el Norman Bridge. En cuestiones de confort está muy lejos de la calidad ofrecida por Britanny Ferries pero también los precios son ostensiblemente más bajos.

Para ir desde Gijón a Saint Nazaire no es que se ahorre tiempo ni dinero respecto de ir en coche, aunque los horarios pueden ser convenientes al viajar de noche.


Como aventurilla tiene cierta gracia; no obstante es conveniente saber de antemano que la estabilidad de un barco puede no ser muy agradable para todo el mundo y cuando hay mala mar el viaje tiene tendencia a convertirse en un callo malayo inaguantable. Por lo visto en el restaurante los precios son tolerables e incluso tienen una tienda a bordo.
Casi se me olvida mencionar que Saint Nazaire está a mano de Nantes y es la puerta de entrada a la Bretaña y al Pays de la Loire, región a la que pertenece este puerto actualmente aunque históricamente siempre haya sido un lugar bretón. Para largos viajes por Europa del Norte puede ser un pequeño atajo que compense por el tiempo que se dedica al descanso.

martes, 25 de marzo de 2014

EL LAGARTO ROJO.TREN TURÍSTICO EN TÚNEZ.

En Túnez tienen un tren turístico interesante que hace un viaje de sólo 43 km en cada sentido durante una hora y media. El convoy es de los emblemáticos porque los coches son de lujo y a estilo del Orient Express. La locomotora ya no tiene tanto glamour y es diesel, cosa muy conveniente en latitudes tan cálidas. Se trata de un tren de la realeza.

El Lézard Rouge, el lagarto rojo en español, realiza un recorrido con cañones, gargantas y desfiladeros, todo de colores vivos y con poca vegetación. La excursión cuesta sólo 10 euros pero no siempre hay sitio para sentarse ni aire acondicionado, aunque el tren cuenta con un bar.

Lo malo es que para hacer esa ruta hay que ir hasta Metlaoui, que no queda precisamente a mano, aunque tampoco hay malas comunicaciones y se puede ir desde la capital en tren. Las salidas son en torno a las 10 de la mañana.




Me quedé sin hacer el viaje cuando estuve en Túnez, más que nada porque los calores eran muy agresivos para un habitante del Cantábrico. Mejor en otoño o primavera.